Lo dijo hace quinientos años, de manera genérica, pero se dirigía a ti. Por favor, escúchala:

¿... qué hay, hija mía la más pequeña? ¿Adónde vas?

Oye y comprende, hija: No es nada lo que te asusta y aflige. Que no se turbe tu corazón. NO temas esto.

¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estas bajo mi sombra? ¿No soy yo tu amparo? ¿Has olvidado que estás en mi regazo? ¿Qué más te hace falta?

¿Sabes que cuando el esposo de María se enteró de que estaba embarazada la rechazó porque él no había tenido relaciones con ella?

Oye, hermana: ¿Cómo sería el mundo si aquella niña de catorce años hubiera abortado?
¿Tienes idea de lo que pierde el mundo en cada aborto? ¿Un gran médico, un científico, una Madre Teresa, un sacerdote o simplemente un ser bondadoso que le dará su corazón bueno al mundo?

¿Qué sentirías si le envías a alguien un regalo único, irrepetible, precioso y esa persona en quien confiaste lo destruye o permite que alguien lo destruya?
¿Te imaginas qué siente Dios cuando le devuelves a SU CRIATURA hecha pedazos, quemada o envenenada?

 

Gabriela
Georgina Greco y Herrera
Lucía