Si, hermanita: Entiendo que tienes miedo. Yo tambien estaría muy asustada!

Si tienes padres...¿qué dirán al saber que estás embarazada ?¿Te espanta?

Si el que era tu amor te abandonó al saber que estabas embarazada,¿ Cambia eso tu opinión sobre el destino de tu bebé? ¿Te da miedo enfrentarse a la vida sola con tu hijo o con tu bebita?
Si tu esposo es tan pobre que enfurecería al saber que van a tener otro hijo, ¿te da miedo ?

Por favor, lee lo que escribió Teresa de Avila:

 




Nada te turbe, nada te espante
quien a Dios tiene, nada le falta.
Nada te turbe, nada te espante.
Sólo Dios basta.

Eleva el pensamiento,
Al cielo sube,
Por nada te acongojes,
Nada te turbe.

A Jesucristo sigue
Con pecho grande,
Y venga lo que venga,
Nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana,
Nada tiene de estable,
Todo se pasa.

Aspira a lo celeste,
Que siempre dura;
Fiel y rico, es promesas,
Dios no se muda.

Ámala cual se merece;
Bondad inmensa,
Pero no hay amor fino,
sin la paciencia.

Confianza y fe viva,
Mantenga el alma,
Que quien cree y espera,
todo lo alcanza.

Del infierno acosado,
aunque se viere,
Burlará sus furores,
que a Dios tiene.

Vénganle desamparos,
Cruces, desgracias;
Siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.

Id pues, bienes del mundo,
Id dichas vanas,
aunque todo lo pierda,
Solo Dios basta.

Y ahora dime, Hermana...¿Te dá más temor la cólera de tus padres, la de tu esposo que la de Jesús, que si te arrepientes en su infinita misericordia te puede perdonar, pero que llorará con amargura cuando reciba de regreso el regalo que te envió? El cuerpecito quemado o destrozado de tu bebé.

Sicóloga Lucía Escalante

 


¡He abierto tantos sobres en mi vida!

Unos llenos de publicidad inútil, otros con cartas de alguna amiga, tarjetas de cumpleaños, boletos de avión, en fin, de todo. ¡Pero nunca me había sido tan difícil abrir ninguno como este.

¡Dios mío, que no sea lo que estoy pensando!

¿Dios? ¡El es hombre...! ¿Como podría entender lo que estoy pasando?

Puede ser que sí... él lo sabe todo, pero...

¡Sí! ¡La virgen! ¡Mi virgencita entenderá!

Ella sabe que no puedo tener este bebé.

Ella tenía un esposo, pero ¿yo?...

Mi novio ¡ni siquiera esperó los resultados!

Y ¿si la Virgen no hubiera sido casada? De hecho, creo que estaba comprometida.



No es que me quiera comparar con la Virgen... ¡eso nunca! Pero, ¡como quisiera su fortaleza ahora que estoy tan asustada! ¿Como logró ser tan valiente? ¡Tan fuerte a pesar de ser tan joven! ¡Vaya! ¿Como no lo pensé antes? Nunca dudó. Su fe la sostuvo. Y ¡Que suerte! porque ¿qué hubiera sido del mundo sin su hijo?

Al menos algo bueno he aprendido de todo esto. Me sorprende hacerme preguntas que nunca me había hecho pero, mi problema persiste:

¿Que voy a hacer si estoy embarazada? Tampoco compararía al bebé con Cristo, no creo que salvaría al mundo, pero... dicen que los hijos los manda Dios y que para todos tiene un plan. Y ¿si tiene un plan para este bebé? Y si ¿todo esto también es un plan para mí? ¿Poder hacer algo bueno en mi vida? ¿Algo real? ¿Formar un buen ser humano para honrar la enseñanza de Jesús? para que sonría como él cuando lo rodeaban los niños...

¡Cuantas nuevas preguntas me he hecho!

¡Cuanto he aprendido!

Ahora entiendo el plan que Dios, tiene para mí.

Tres horas sosteniendo este sobre, ¡tan distinto a los demás!
Tres horas pensando.
Tres horas preguntando.
Tres horas razonando.
Tres horas entendiendo.
Tres horas creciendo...

Y los primeros cinco minutos del resto de mi vida ¡Amando a Dios! con todas sus decisiones... cualquiera que estas sean.

Y sí... los primeros cinco minutos del resto de mi vida, deseando que este sobre, que tiembla en mis manos, sea la confianza de Dios para encargarme, aquí en la Tierra, de uno de sus ángeles.

Los primeros cinco minutos del resto de mi vida, sabiendo que Dios me ama porque ¡Tiene un plan para mí!

¡He abierto tantos sobres en mi vida! Pero...    ¡NINGUNO COMO ESTE!

  • ¿Hija?
  • Pasa mamá
  • ¿Como estás?
  • Muy bien
  • Pero como si no has visto los resultados. ¡El sobre está cerrado!
  • Deseo un bebé
  • Apenas esta mañana me pediste que tu padre no se enterara, y que hablara con el Doctor…
  • No mamá. ¡No abortaré! Y de mi papá… estoy segura que en cuanto conozca a mi bebé, entenderá mi decisión.
  • Hija…
  • No llores mamá. Que dices… ¿lo abrimos juntas? Quiero compartir esto contigo.
  • Ábrelo tú.

       ---- ¡POSITIVO! ----------

  • ¿Hija, estás decidida?
  • ¡Estoy feliz!
  • ¿Qué te hizo cambiar tanto?
  • Es parte del plan…
  • No entiendo
  • Cosas de Dios y la Virgen.
  • Hija… ¿Lágrimas de felicidad? Eso quería ver en tus ojos ¿Y como no voy a estar feliz? Al salvar a tu bebé, te has salvado tú. Si yo pudiera regresar el tiempo…
  • ¿Para qué?
  • Para recuperar a mi ángel…
  • ¿Cuál ángel?
  • Aún no conocía a tu padre. El no lo sabe. Pero aborté y no me lo perdono. Todos los días pienso en el horror que cometí. ¡Lo asesiné hija!
  • Estabas asustada…
  • Todos los días pienso, como sería. Tal vez deportista, o se inclinaría por la música, los animales, las muchachas, o ¿recorrería el mundo con su mochila en la espalda? Yo le quité todo eso. Le robé la posibilidad de brincar en los charcos, enamorarse y pretender a una muchacha, crecer, casarse, tener hijos, de aprender, de equivocarse, de ayudar a alguien, de ayudarse a sí mismo, de conocer el mar… de conocerte. De quererme…
  • Mamá… te entiendo muy bien.
  • ¿Tu hija? Como si tú has tomado la decisión adecuada.
  • Pero consideré el aborto…
  • Pero no lo vas a hacer. Por eso lloro de felicidad hija, porque veo que no robarás a tu bebé la posibilidad de vivir. Ese, es el primer y más grande regalo que Dios nos da. Veo que tienes por delante una vida hermosa y con un propósito. Y también que no vivirás atormentada el resto de tu vida sintiéndote la más cobarde de las asesinas.
  • No encuentro las palabras necesarias…
  • No existen hija. Nada ni nadie puede ya cambiar lo que hice. Es algo por lo que deberé responder a Dios, cuando llegue el momento.

    ¿Sabes qué?
  • ¿Qué?
  • Acompáñame. Vamos a darle la noticia a papá. Tenemos que preparar muchas cosas para recibir a mi bebé. Me vas a enseñar a tejer y hay que preparar su cuarto y… ¿De donde sacaste tanto valor?
  • Cosas de Dios y de la Virgen, mamá.

“Por más difícil que sea la situación de una mujer embarazada, no hay justificación para el asesinato. La vida es un cambiar constante. Si tus circunstancias actuales son malas, puedes cambiar tu vida… para bien”

E mail: psicologa2002@hotmail.com

 

Gabriela
Georgina Greco y Herrera
Lucía