|

Mami... te quiero contarlo que tu no viste, porque te durmieron
para que no me protegieras.
Ahora, estoy con Dios, que me quiere mucho y con Nuestra Madre,
la Virgen, que por las noches nos canta y nos cuenta cuentos...
Sentí cómo te dormiste y me acomodé para
dormir... ya nos conocemos bien porque llevo tres meses albergado
en tu vientre, abrigado, seguro.
Pero luego, algo entró a mi casita... algo horrible que
me comenzó a perseguir y a herirme por todas partes... ¡Me
arrancó una pierna! Y mira que soñaba con obtener
campeonatos de fútbol por ti, para tenerte como mi reina
cuando creciera... Me hice bolita en un rincón de la casa
que me diste. Pero hasta ahí me alcanzó el cuchillo.
Seguí gritando:
- ¡MAMÀ! ¡Ayúdame, por Dios!
Pero no me pudiste escuchar porque seguías dormida.
Luego, un brazo... y aunque no tenía mucha sangre en mi
cuerpo, sentía que me iba hundiendo en ese mar rojo.
Un instrumento me jaló de la pierna que me quedaba... Y
sentí algo helado en la nuca... Luego supe, que el hombre
aquel me había metido unas tijeras cerradas y las había
abierto en el interior de mi cerebro para acabar de matarme y sacarme
de nuestra casita...
Cuando desperté, ya no había dolor ni miedo: Una
señora muy hermosa y relumbrante, me tenía en brazos.
Me dijo que era La Virgen y que ahora ella es mi mamá...
pero te extraño, mami, y me asusta que ya no estaré
ahí para cuidarte, amarte y protegerte.

¿Por qué, mamá, si tu me llamaste cuando yo
estaba en el cielo jugando con los otros angelitos?
¿Por qué hiciste que El Ángel Mayor me quitara
las alas y las guardara en ese baúl de cristal donde ya tiene
tantas?
Me explicó que tu y papi me habían llamado y que
sólo Dios me amaría más que ustedes...
¿Por qué, mami, si yo iba esperanzado en ser tu apoyo
y el mejor amigo de papi?
¿Porque papi te abandonó? ¡Yo no tuve la culpa!
¿O sí? ¡Pues te la hubiera pagado con una vida
de amor!
¿Por qué no me diste una oportunidad? ¡Y me
atormentaron tanto! ¿No escuchaste mis gritos? ¿Supiste
que me sacaron vivo y me asfixiaron en una cubeta de agua sucia?
Me da pena decirte que Papá Dios está enojado contigo...
y que Jesús lloró al recibir mi cuerpecito destrozado.
Lo vi porque desperté en sus manos... y se consoló
cuando le sonreí.
Madre mía... Soy una nena: Tu hija que no alcanzó
a nacer... pero te escribo porque no puedo deshacerme del amor que
alcancé a desarrollar por ti en el tiempo que estuve adentro
de tu barriguita... sin verte, pero escuchando tu voz suave, pero
muy enojada cuando mi papá llegaba tomado y te quería
pegar. Yo brincaba de miedo y de rabia: ¡Ah, pero una vez
que estuviera contigo, no te volvería a tocar!: ¡Te
lo juro, mamá!
También sentía todos tus movimientos y un día
bailamos, ¿te acuerdas? Me fascinaba la música...
y aprendí a cantar.
Soñaba que, cuando fuera grande, iríamos las dos
de compras, al mercado, que tu tendrías canas y yo te las
arreglaría. Que tal vez un día pudiera darte el gusto
de hacerte abuela de una nena tan bonita como tú. Porque
ahora que te veo desde aquí, me impresionan tus cabellos
tan oscuros, tus ojos negros y húmedos, tu boca pequeñita
y esas pestañas tan largas...
Un día lloré soñando que eras muy viejecita
y que yo te cerraba los ojos porque habías regresado a La
Casa del Padre... Y no sé que sucedió mamita:
Yo llegué aquí con mis ojitos abiertos y muy asustada,
porque había tenido un dolor horrible, de cuando me quemaron
con algún líquido... Pero Jesús me dijo que
no los cerrara, porque había vuelto a mi casa y que jugaría
mucho... pero yo quería volver contigo, mamá...
Bueno, sólo quería decirte que siempre pienso en
ti y que dice El Padre, que cuando llegues acá, yo te podré
recibir. Y también, que no te enojes conmigo: Lo que pasó
no lo entiendo, pero no fue mi culpa.
Mil besos, mamita.
|